Evocando a Guillermo Puiggrós


Una interesante nota publicada en www.p4r.com.ar el 2 de Enero de 2010 evocando al Maestro G. Puiggros, socio fundador del Circulo de Ajedrez de Carlos Casares y con quien tanto buenos momentos pasamos los ajedrecístas de nuestra ciudad.
"Me place mucho rememorar a mi gran amigo, ex entrenador y notable adversario, el maestro Guillermo Puiggrós. Nuestra amistad nació en 1963/64 cuando Puiggrós fijó su residencia temporaria en el barrio Malvín de Montevideo. Compartimos al sponsor y amigo Don Joaquín D'Agostino Moreno que, radicado en el mismo barrio, nos convocaba varias veces por semana. Hasta 1967 estuve en permanente contacto con Puiggrós. Mi juego progresó vertiginosamente y mi creatividad táctica se enriqueció enormemente. Don Guillermo me decia: Hebert, “mira en todo momento las jugadas intermedias, allí está la clave de infinidad de combinaciones. Sólo el ataque de mate es realmente forzado, lo demás es todo relativo”. “El ajedrez es un juego flexible y dinámico, recuerda lo que dijo Ricardo Reti sobre la relatividad de las jugadas aparentemente naturales”. “¡Busca jugadas especiales en cualquier posición que las encuentres. Cree también en la “resistencia interna” de las posiciones inferiores. Este alerta proviene del sabio maestro Benito Villegas”
Siento aún en mi mente la voz de Don Guillermo. Puedo llenar muchas hojas citando sus consejos prácticos. En el credo de Puiggrós, “el olfato ajedrecístico” era una virtud muy apreciada de la intuición. Un vestigio de la magia sagrada del talento, parte de la genialidad que es la que establece la diferencia entre los jugadores.
Otro principio memorable: “Si los alfiles viven, no debe temblarnos la mano para sacrificar material, acelerar el desarrollo y abrir el juego. ¡Una posición así siempre se ganó!” En fin... Jugamos muchas partidas y ambos buscábamos la victoria constantemente. Nuestras tablas fueron duramente disputadas. Nuestra última partida oficial, por ejemplo, que disputamos en el Torneo Abierto Internacional celebrado en el Teatro San Martín, Buenos Aires, 1975, terminó empatada. En el diario "La Razón", fue comentada brevemente por el maestro Carlos F..Juaréz. Hubo un momento que en un recíproco apuro de tiempo, Puiggrós pudo haber ganado y al no hacerlo perdió posiciones en la tabla y la posibilidad de cobrar un premio. A lo largo de mi carrera sus colosales lecciones echaron raíces en mi forma de interpretar el ajedrez. Mi afición por la defensa Holandesa me la inculcó él . La esencia de su notable pedagogía me ayudó para aprender y enseñar el ajedrez a otros ajedrecistas. Sus dichos eran producto de un fino humor y de un profundo realismo. Su cultura era fabulosa. Puiggrós provenía de una familia culta y adinerada.
Estaba acostumbrado al buen pasar. Bebía y comía delicadezas y fumaba habanos caros todo muy típico de su buena estirpe burguesa. Descendiente de catalanes. Su padre fue un próspero comerciante y él trabajó durante años con su familia. Su hermano Rodolfo Puiggrós fue ministro y muy famoso dentro de la política argentina. Un hijo de Don Guillermo Puiggrós, fue un "modelo" bastante popular en el mundo artístico bonaerense, a finales de los años sesenta y al comienzo de los setenta. Actuó también en fotonovelas y lideró un estudio fotográfico destacado.
Ajedrecisticamente tenía Guillermo Puiggrós un inmenso talento. Su estilo era brillante y combinaba a la par de los mejores. Pudo haber llegado mucho más lejos en su carrera. Pero en ciertos momentos importantes le faltó disciplina, fue un improvisador nato, era perezoso, no estudiaba el ajedrez suficientemente y confiaba demasiado en su prodigiosa intuición. A veces la belleza del juego lo cegaba y cometía imprudencias por jugar impulsivamente jugadas excesivamente arriesgadas. Además era una persona muy social y le encantaba por la noche reunirse con sus amigos. Por esto nos advertía "que él no sería jamás un ratón de bibliotecas".
La bohemia intelectual le fascinaba. Uno de sus hobbys eran leer y escribir cuentos policíacos. Admiraba a la escritora inglesa, Agatha Christy
Fue profesor de la sala de ajedrez del Jockey Club de Buenos Aires. Sus clases eran seguidas con mucho interés. Por las tardes concurría asiduamente al salón Richmond de la calle Florida. Allí jugaba partidas rápidas de 10 minutos y alrededor de su mesa siempre un nutrido grupo de fuertes aficionados se daba cita para disfrutar de su juego interesante, matizado de graciosos comentarios.
En el ajedrez, Puiggrós era un verdadero gran maestro con la iniciativa en sus manos. Le encantaba el estilo de Alekhine y siempre contaba cosas de su entrenamiento personal con el ex campeón mundial.
Según Puiggrós, antes de la Olimpiada de 1939, la familia de Don Luis Piazzini financió un curso de Alekhine, que se celebró en la quinta de los Piazzini en Adrogué donde participaron todos los integrantes del equipo argentino.
Durante mi residencia en Argentina, entre 1968 y 1977, pasé muchos encantadores momentos con él y su hermosa familia. La penúltima noche anterior de nuestra partida del país, nos acompañó en una inolvidable tertulia. Fue esa jornada la última vez que nos vimos. Luego mantuvimos, hasta poco antes de su muerte, contacto postal. Puiggrós y su formidable esposa Laurita, soñaron con visitarnos algún día en Europa, pero desgraciadamente eso nunca pudo ser. (Hebert Pérez García)"

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada